Había pasado un tiempo largo y pensé que volver atrás era una opción para cortar y repartir de nuevo.
Fue asi como planifique mi viaje a la playa. Volver sola era como ir sobre mis pasos pero con otro recorrido, ese que no hice cuando fui por primera de vez de su mano.
En vez de barco, avión. En vez de verano, casi otoño. En vez de acompañada, sola.
Era una buena oportunidad para reconocerme "yo" donde fuimos "nosotros"
El paisaje muy distinto, a pesar de ser tan igual .Los mismos lugares olían de manera atípica, sabían de otro modo y ese nuevo sabor podría hacer la diferencia entre entender o no aquello que quisimos ser.
De pronto vino a mi cabeza la imagen de aquel lugar, justo en la punta de todo, desde donde se podía ver el mar inmenso y lleno de furia. Cielo azul, escaleras infinitas y la certeza de que sabría imprimir nuevas fotos sobre las viejas que tenia guardadas en mi, velando un pasado que quería dejar ir.
Solo faltaba sentarme ahí para entender lo que no habíamos vivido y quedo en la carpeta de los planes cancelados
De pronto mire a mi alrededor y entendí que todo estaba desierto. Nada. Silencio sepulcral donde antes fueron soles llenos de risas y de magia compartida, aquella de cuando aun creíamos que podía ser.
El inicio de todo lo que ya finalizo estaba vacío.
Y me encontré ahí, sentada a pleno sol, esperando un bondi que me llevara de regreso y me sacara de lo que nunca iba a ser. De lo que concluyo sin que nada de lo que fui a reencontrar estuviera ahí.
Sentir la nada es todo un evento. Y justo en ese momento entendí que podía vagar por esas calles desiertas sin ser vista, sin que eso en definitiva cambiara nada. Para nadie. Ni siquiera para mi.
Volví sobre mis pasos sabiendo que lo que no resta tampoco suma. Que lo que paso no tiene vuelta atrás y que empezar de nuevo es donde quieras empezar. Así, sin permiso.
No hay que reescribir un libreto, solo andar.
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