Acompañaba a mi nieta en su primer día de clases y mientras solté su mano y la deje volar, vino a mi mente una situación que hasta ahora no sabía que tenía guardada en mi
En este caso, que hoy voy a contar por primera vez, simplemente fui un testigo ocasional.
Trabajaba en una escuela primaria haciendo unos arreglos en el patio. Era una tarde de sol y los chicos corrían dando vueltas y esquivando la mirada de las maestras que, en un grupo reducido, hablaban de la vida sin prestar atención al bullicio, las caídas y las vuelta a levantar.
Todo estaba en calma a pesar del ruido. Era una de esas tardecitas de marzo que, ni frio ni calor, se disfrutan con una armonía que solo esa época del año suele tener.
De repente, una nena se acercó al grupo de maestras y tiró apenas del delantal de una de las señoritas que fastidiosa se agacho un poco al tiempo que le espeto un tajante: “¿qué querés?.
La pequeña no tendría más de 6 y estaba pálida. Aunque habló en un tono muy bajo pude escuchar lo que decía: “señorita Lina, me duele mucho la panza”
La maestra claramente molesta por la interrupción, justo cuando le estaban pasando las promociones de la tienda a la que pensaba ir a la salida de la escuela, le dijo en tono seco “anda al baño", a lo que la niña respondió “es que no hay papel”. Acto seguido Lina, de forma brusca, abrió su carpeta y arranco una hoja rayada de esas que se usan en las carpetas escolares, se la dió y con una seña le dijo que se fuera.
Yo, que soy un simple constructor, no pude evitar quedarme conmovido con la cara de la nena que, blanca como el papel que le dio la maestra, bajó la cabeza y con una expresión de desamparo que no puedo olvidar, se alejó acompañada por otra nena que, apoyando una mano en su hombro con un gesto protector, le supo dar lo que ningún adulto ahí presente ofreció.
Es increíble como la memoria activa imágenes, algunas de la prehistoria y otras más nuevitas, pero todas sin remedio cobran un sentido nuevo cuando algo las junta y las calca sobre el presente más actual.
Sigo pensando que será de la niña de rulos dorados y los labios blancos como la nieve. ¿Recordará a la señorita Lina?
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