Soledad…vacío que se llena de silencio, de quietud, de respuestas sin preguntas…
Calma que no cesa…inmensidad de nada…
Quiero creer que tu nombre puede curar las heridas…pero no entiendo como, ni se
porque…
Mezcla de regocijo y de hartazgo, esta soledad que me penetra extiende su territorio y
llega casi hasta donde se alarga mi mirada, justo ahí donde tus ojos no me alcanzan…
Y si bien por momentos se siente bien ser libre, en otros me encuentro cautiva de mis
propios muros, sin puentes levadizos que pudiese bajar cada tanto, en ese momento
exacto en que quisiera que atravieses mi destino…
Que te lleva cada tanto a mi? Que camino te conduce a mis aguas tantas veces
turbulentas, tantas otras estancadas en oscuros desencantos que inundan cada uno de mis
sentidos…?
Esta tarde otoñal sirve para pensarte, casi con la promesa de un futuro…pero se que tras
ese pensamiento acecha la certeza de no tenerte y de saberme nuevamente sola…
Entonces todo vuelve a punto cero…prefiero la distancia a tenerte sabiendo que te vas…
La soledad primera, que nace de un estar a solas y no de la ausencia descarnada que
arranca la piel y hace que lloviznen las lágrimas.
La inmensidad de nada vuelve a ser mi casa, mi origen, mi destino…otro destino del que
por momentos intento soñar pensándote en mi vida.
Otro destino que aquieta la tarde y hace que como un velero sin rumbo navegue aguas
que no conducen a ningún lado, pero que son conocidas y evitan la sensación de
inminente naufragio que tus manos traen a mi cuerpo.
Pensarte así, a distancia, ya no duele, pero en cada vuelta de tu presencia en mi cabeza se
aniquila la última esperanza de que un día fueses mi horizonte y mi punto de llegada.
Sin saber donde voy sigo mi camino pensando que alguna vez, aunque sea por un
segundo, hiciste que vibrara en mi la emoción de creer que podía ser otra que no soy con
vos.
El viento nos recuerda que la soledad es cosa seria.
ResponderEliminar