viernes, 2 de agosto de 2013

Inquietante Destino

“Inquietante destino” pensé, al tiempo que abría los ojos en un nuevo y repentino despertar de esos que últimamente me suceden.
No entendí muy bien si esa  frase era parte del sueño que acababa de interrumpirse o simplemente el primer pensamiento que producía mi mente al encontrarse con la madrugada de un nuevo día.
Hace meses que empezó esta rutina de arrancar las mañanas mas temprano de lo necesario. Ya casi me acostumbre, y aunque durante el día el sueño me recuerda que no estoy durmiendo bien, fácilmente busco el modo de controlar el bostezo molesto y seguir adelante con  las tareas que debo cumplir cada jornada de mi vida.
Los primeros días me sorprendió… “Cinco de la mañana y me desperté?”. Fui al baño y volví a la cama creyendo que mis esfínteres tenían la respuesta a mi amanecer tan temprano. Pero continuar durmiendo paso a ser un enigma que no pude develar. Vueltas y vueltas en la cama me demostraban cada noche que mi caminata nocturna no servía para retomar mis producciones oníricas, que fácilmente se iban diluyendo dejando paso a la quietud de las mañanas cuando la ciudad duerme y los ruidos todavía descansan.
A medida que pasaron los días la búsqueda de sentido a mis despertares se convirtió en un desafío. Escuche atentamente los sonidos dispersos que podían ser la causa, intente capturar aromas, cambios sutiles, pequeños movimientos que pudieran tener que ver con ese repentino abrir de mis ojos al nuevo día...nada fue respuesta, ni siquiera temporaria,  a un hecho tan simple y complicado al mismo tiempo como lo es el despertar.
Mis días siguieron acostumbrándose a arrancar mas temprano, pero no logre dejar reposar la inquietud acerca del porque. Fui corriendo mis rutinas para que esas horas tuviesen un sentido, sin embargo, no pude dejar de pensar que misterio determinaba la salida de mis dulces sueños.
Mis días siguieron iguales. Las mismas actividades de siempre donde la pasión y la rutina pelean batallas mano a mano siguieron su curso y lo único que había cambiado era mi relación con el sueño y su despertar. Podría decirse que  acostarme llevaba implícita la anticipación de la búsqueda que sucedía cada madrugada, una mezcla de ansiedad con expectativa que suele preceder a los acontecimientos más importantes de mi vida.
Fue en este punto que apareció misterioso el pensamiento “inquietante destino”,  dejando abierta la puerta a una investigación que tiene la característica de que la única actividad es dejarse sorprender por la novedad, que todavía no tiene nombre. Una frase que no era ni del sueño ni de la vigilia…a que territorio pertenecía?
Los hechos se sucedían según un ritmo particular…trabajaba todo el día, volvía a casa tarde y el tiempo que me quedaba se repartía entre conversaciones con la familia, temas a organizar de la vida domestica y también de la agenda laboral, algún gustito placentero y a dormir…
Cada vez esperaba con mayor anhelo ese instante…dormirme, empezar a soñar y despertar era un vuelo  que me dejaba justo frente a esa frase que se me repetía constante “inquietante destino”
Comencé a dejarme al lado de la cama un cuadernito en el que fui escribiendo todo lo que se me ocurría. Retazos del ultimo sueño, cosas que se asociaban de lo que había sucedido el día anterior, viejas historias que venían a mi cabeza cuando los pensamientos iban armando un entretejido que solo era posible seguir para mi misma. Me tranquilizaba guardar ese cuadernito en algún lugar secreto, porque aunque sabia que mi letra es incomprensible y que no es fácil entender lo que escribía vertiginosamente tratando de que no se me escapara nada, siempre tuve la fantasía de que si me pasaba algo alguien iba a leer esos escritos y me daba mucha vergüenza la idea de que mis seres queridos bucearan en mi intimidad de ese modo…pensándolo bien, ya se quien podría hacerlo y me dan ganas de esconder mas mi cuadernito para que no lo encuentre.
Pero la gracia es tener el cuadernito a mano, porque la cabeza es tramposa, y cuando queres conservar una idea, una multitud de otras ideas aparecen, se cruzan, ponen barreras y sepultan lo primero bajo un manto de divagues que indefectiblemente hacen que  se te pierda lo que querías capturar.
Yo intentaba con mi cuadernito ir armando puentes entre mis ideas. Lograr que entre unas y otras se fueran estableciendo contactos y conexiones, para que pudiese luego recorrerlas desde distintos puntos de partida y encontrar así destinos diversos al original. Me parecía que la única forma de encontrar un sentido era metiéndome de lleno en la maraña de ideas, sensaciones y emociones que bullían en mi cabeza en cada madrugada que a esta altura esperaba como si fuese el mejor paseo que la vida podía prometerme.
 Y así pasaron días, semanas, meses…los recuerdos se fueron hilando, los hilos tejieron una historia y encontré de repente en  aquellos despertares el sentido que estaba esperando hace mucho tiempo.
Parecía como que despertar era necesario para cortar la rutina cotidiana. Un entretiempo entre la vida misma y los sueños, esa extraña mezcla de situaciones que con los ojos cerrados nos trasladan a lugares y situaciones desconocidos por las mixturas de imágenes y sentidos acoplados que como en una obra de arte abstracto, están ahí para que el observador  la interprete a gusto y piacere, aunque para el artista se despliegan ante su propia mirada como los elementos mas profundos de su interior. Aunque ningún otro se de cuenta ni el mismo aun los entienda…
Incorpore ese entretiempo como una parte fundamental de mi nueva vida. Mientras escribía mis notas en ese cuadernito, se amontonaban a mi alrededor fotos viejas, sonidos vibrantes y también silenciosos, sabores de distintos tipos y olores conocidos y otros que parecían provenir de los recónditos arcones de la memoria, tan viejos que no podía identificar con que imagen se juntaban o con que personas de mi historia tenían que ver .
Aquella frase “inquietante destino” comenzó a cobrar sentido. Ese entretiempo paso a ser el puntapié inicial para empezar a construir un puente entre cada registro de mi pasado que quedo grabado en mi memoria bajo la forma que fuese y un futuro que visto desde donde estoy parada suena tan prometedor como enigmático.
Inquietante paso a ser la definición exacta del estado que se abría camino dentro mío en cada madrugada. Eso ya lo sabía. Pero aprendí, solo después de haberlo convertido en una experiencia cotidiana, que lo de destino estaba exactamente asociado a aquella exploración que inicie y supe escribir con letra incomprensible poblada de imágenes y de todo aquello que los sentidos pusieron a mi alcance para que lo pusiera en palabras.
Hoy, después de mucho tiempo, se que mi inquietante destino tiene que ver con la búsqueda, y no con lo casi siniestro que imaginaba en aquellas mañanitas que amanecían para mi entre el sueño y el antes de despertar.



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